Arte y cenizas

La nube pasó (por ahora) y si bien trajo complicaciones
también dejó un interesante manto gris que transformó el lugar y los objetos .
..



Piñas













Manijas












Rosales









Marcas escondidas

Monasterio de los Monjes Blancos

Hace unas semanas hicimos nuestra primera salida con la Escuela de Montaña de El Hoyo.
La idea es salir a caminar por la montaña los fines de semana e ir conociendo nuestros alrededores.

El destino elegido fue el viejo "Monasterio de los Monjes Blancos"
sobre el lago Epuyen (a 25 km de El Hoyo) y del otro lado del Cerro Pirque.

Partimos desde la playita de Epuyen y nos esperaban casi 2 hs y media
de caminata bordeando el lago.



En un momento hubo que vadear
un pequeño arroyo








Si bien la mayor parte del paseo es en medio
de un bosque de ciprés también caminamos por un pinar



Luego pasamos por la
Planicie Grande
(que de aspecto parece más una península)








Luego llegamos a una suerte de mirador
"en poca armonía con el ambiente"
ya que era un cubo de cemento.












y en el lugar
había varias cruces
(en su mayoría en los troncos
de los árboles) y
algunas viviendas abandonadas.

Pero nada que se pareciera a un
monasterio.
La historia es rara y se remonta a los '70.
Pero también se dice que vieron a los
"supuestos monjes" bajando madera, en fin ...



Luego del almuerzo
bajamos nuevamente al lago
para emprender el regreso







Grupete



Cerca de la playita donde comenzó
la mini travesía.

Ultimo momento 2 !!! - Lluvia de cenizas


Primero el sol parecía una luna










El cielo se fue oscureciendo

y los álamos parecían más amarillos









La huerta se volvió gris





El nylon está lleno de ceniza







y el autito también

y siendo las 13:44 hs parece que está empezando a parar.
Nos quedamos adentro con Roco incluido.

Postal uruguaya

..un diario con brazos?

no, es el Ye (abuelo del Churu) leyendo a la mañana

La naturaleza no es muda

Gracias Elena por pasarme este artículo publicado en Brecha de Uruguay el pasado 18 de abril de 2008.

Por Eduardo Galeano

El mundo pinta naturalezas muertas, sucumben los bosques naturales, se derriten los polos, el aire se hace irrespirable y el agua intomable, se plastifican las flores y la comida, y el cielo y la tierra se vuelven locos de remate.

Y mientras todo esto ocurre, un país latinoamericano, Ecuador, está discutiendo una nueva Constitución. Y en esa Constitución se abre la posibilidad de reconocer, por primera vez en la historia universal, los derechos de la naturaleza.

La naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos haciéndonos los sordos. Y quizás hasta Dios escuche la llamada que suena desde este país andino, y agregue el undécimo mandamiento que se le había olvidado en las instrucciones que nos dio desde el monte Sinaí: “Amarás a la naturaleza, de la que formas parte”.

- Un objeto que quiere ser sujeto

Durante miles de años, casi toda la gente tuvo el derecho de no tener derechos.

En los hechos, no son pocos los que siguen sin derechos, pero al menos se reconoce, ahora, el derecho de tenerlos; y eso es bastante más que un gesto de caridad de los amos del mundo para consuelo de sus siervos.

¿Y la naturaleza? En cierto modo, se podría decir, los derechos humanos abarcan a la naturaleza, porque ella no es una tarjeta postal para ser mirada desde afuera; pero bien sabe la naturaleza que hasta las mejores leyes humanas la tratan como objeto de propiedad, y nunca como sujeto de derecho.

Reducida a mera fuente de recursos naturales y buenos negocios, ella puede ser legalmente malherida, y hasta exterminada, sin que se escuchen sus quejas y sin que las normas jurídicas impidan la impunidad de sus criminales. A lo sumo, en el mejor de los casos, son las víctimas humanas quienes pueden exigir una indemnización más o menos simbólica, y eso siempre después de que el daño se ha hecho, pero las leyes no evitan ni detienen los atentados contra la tierra, el agua o el aire.

Suena raro, ¿no? Esto de que la naturaleza tenga derechos... Una locura. ¡Como si la naturaleza fuera persona! En cambio, suena de lo más normal que las grandes empresas de los Estados Unidos disfruten de derechos humanos. En 1886, la Suprema Corte de los Estados Unidos, modelo de la justicia universal, extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas. La ley les reconoció los mismos derechos que a las personas, derecho a la vida, a la libre expresión, a la privacidad y a todo lo demás, como si las empresas respiraran. Más de ciento veinte años han pasado y así sigue siendo. A nadie le llama la atención.

- Gritos y susurros

Nada tiene de raro, ni de anormal, el proyecto que quiere incorporar los derechos de la naturaleza a la nueva Constitución de Ecuador.

Este país ha sufrido numerosas devastaciones a lo largo de su historia. Por citar un solo ejemplo, durante más de un cuarto de siglo, hasta 1992, la empresa petrolera Texaco vomitó impunemente dieciocho mil millones de galones de veneno sobre tierras, ríos y gentes. Una vez cumplida esta obra de beneficencia en la Amazonia ecuatoriana, la empresa nacida en Texas celebró matrimonio con la Standard Oil. Para entonces, la Standard Oil de Rockefeller había pasado a llamarse Chevron y estaba dirigida por Condoleezza Rice. Después un oleoducto trasladó a Condoleezza hasta la Casa Blanca, mientras la familia Chevron-Texaco continuaba contaminando el mundo.

Pero las heridas abiertas en el cuerpo de Ecuador por la Texaco y otras empresas no son la única fuente de inspiración de esta gran novedad jurídica que se intenta llevar adelante. Además, y no es lo de menos, la reivindicación de la naturaleza forma parte de un proceso de recuperación de las más antiguas tradiciones de Ecuador y de América toda. Se propone que el Estado reconozca y garantice el derecho a mantener y regenerar los ciclos vitales naturales, y no es por casualidad que la asamblea constituyente ha empezado por identificar sus objetivos de renacimiento nacional con el ideal de vida del “sumak kausai”. Eso significa, en lengua quichua, vida armoniosa: armonía entre nosotros y armonía con la naturaleza, que nos engendra, nos alimenta y nos abriga y que tiene vida propia, y valores propios, más allá de nosotros.

Esas tradiciones siguen milagrosamente vivas, a pesar de la pesada herencia del racismo que en Ecuador, como en toda América, continúa mutilando la realidad y la memoria. Y no son sólo el patrimonio de su numerosa población indígena, que supo perpetuarlas a lo largo de cinco siglos de prohibición y desprecio. Pertenecen a todo el país, y al mundo entero, estas voces del pasado que ayudan a adivinar otro futuro posible.

Desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierras americanas, la conquista europea castigó la adoración de la naturaleza, que era pecado de idolatría, con penas de azote, horca o fuego. La comunión entre la naturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolida en nombre de Dios y después en nombre de la Civilización. En toda América, y en el mundo, seguimos pagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio.


Para leer más:

http://www.hoy.com.ec/NoticiaNue.asp?row_id=294167

Ultimo momento!!! - Lluvia de ceniza

El Cráter informa que ante la erupción del volcán chileno Michimahuida
(2404 msnm y a la altura de Trevelin)
la nube llegó a El Hoyo.



El día fue cambiando en cuestión de minutos. Primero había algo de sol, después no.
No era una tormenta lo que se venía sino una nube de humo gris detrás de la cual
se alcanzaba a ver algo de sol.







En el cielo había parches celestes y grises
según a dónde se mirara.








De repente, en dirección a Lago Puelo y desde nuestra propia casa se veía una enorme nube que subía y subía como si se tratara de la cumbre de una montaña
(pero ahí no hay ningún pico).
IMPRESIONANTE!
Y después empezó a llover ceniza. Por suerte sólo por un rato y parece que la nube enfila hacia otro lado.
Extraño acontecimiento.





Cerro Pirque visto desde casa









Pasto de casa con ceniza



Techito de cucha de Roco
Parece nieve no?
je je no es